Por Juan Alonso Romero
Quienes, con criterio experto, analizan el manejo de nuestra diplomacia en el sexenio anterior y en el presente, nos han dejado claro, que necesitamos tener un manejo diplomático eficaz y eficiente a nivel mundial. Literatura sobre el tema.
EN EL SEXENIO ANTERIOR
Porque en el sexenio anterior, con la mala práctica de una política exterior potestativa y muy de estilo personal, perdimos muchas oportunidades de entendimiento y buen trato, con una buena cantidad de países.
De nuestro continente de habla hispanas
Como de nuestro continente y de habla anglosajona.
A juicio de esos expertos, llevamos una política internacional con manejo ideológico, en lugar de practicarla en base a nuestros principios diplomáticos que ya tenían prestigio mundial muy apreciado y reconocido.
Nos metimos en la vida interna de otros países, en afán de defender a personajes políticos metidos en conflictos legales, en sus respectivos países.
O bien, metidos en conflictos políticos, que no nos competía a nosotros resolver, en asuntos ideológicos, políticos, económicos o electorales.
También defendiendo a quienes ya tenían procesos judiciales en su contra, incluso con sentencia de autoridades competentes en la materia.
También desde las mañaneras o ante declaraciones, defendimos campañas o incluso resultados electorales de otros países, de manera nada prudente.
Exigimos sin fundamento legal alguno, que España, nos pidiera perdón por el suceso de la Conquista sucedida en 1521, generándonos una muy mala imagen a nivel regional y mundial.
En fin, generamos desencuentros diplomáticos con varios países, sin necesidad.
LA CONTINUIDAD
En el actual sexenio, se han cometido – a juicio de expertos en diplomacia y relaciones internacionales -, ese mismo tipo de errores. Con muy malas consecuencias en lo interno y en el ámbito internacional.
Opinando sobre “presuntos fraudes electorales” o resultados electorales, de otros países.
Igual, sobre Partidos políticos, candidatos, candidaturas y resultados electorales, en otros países.
No hemos sabido mantener, además, una buena relación con nuestro principal cliente comercial, nuestro vecino del norte, del cual nuestras exportaciones, dependen en más del 80%.
Intencionalmente o por falta de tino, se nos acusa de que hemos defendido ante Estados Unidos a quienes han afectado a ese país de manera severa, con el manejo irregular y hasta criminal en el tráfico de combustibles.
En el tráfico de drogas hacia sus fronteras y territorio, generando enfermos y defunciones, con una alta tasa anual. Datos comprobados por sus mediciones estadísticas.
Incluso, defendiendo a funcionarios públicos de nivel federal, estatal y municipal, reclamados por Estados Unidos, y que en sus fiscalías y juzgados, tienen causas sólidas en contra de ellos.
LAS CONSECUENCIAS
Desgraciadamente, tuvimos en el sexenio anterior, muchas malas consecuencias, con una mal manejada diplomacia. Los expertos señalan, que continuamos teniendo ahora, malas consecuencias con el vecino del norte y con varios países más. Por continuar con las mismas prácticas viciadas del pasado sexenio.
Malas relaciones, que están afectando nuestras relaciones internacionales.
Nuestro buen manejo económico y financiero.
Como poniendo en peligro, la firma del importante Tratado México, Estados Unidos y Canadá. Que Estados Unidos no quiso firmar.
Con relaciones con Estados Unidos, no sólo malas, sino que incluso, peligrosamente tensas.
LOS DAÑOS REALES
Los daños reales, también los tenemos a nivel interno.
Con un crecimiento riesgoso de los grupos del crimen organizado en buena parte de nuestro territorio.
A los cuales por la política de “Abrazos y no Balazos”, dejamos extenderse y consolidarse.
Al grado de que ahora se han metido en el control de autoridades locales, federales y estatales, como lo denuncia Estados Unidos y los medios de comunicación nacionales.
NOS URGE
Nos urge, regresar con solidez a establecer el Estado de Derecho. Con cero tolerancia a la corrupción. Cero tolerancia al crimen organizado. Cero tolerancia al narcotráfico. Cero tolerancias para gobernar con discrecionalidad.
