Por Juan Alonso Romero
Eso vio el mundo entero el domingo 19 de julio, en el juego final del Torneo Mundial de Fútbol en New York, con la presencia del presidente Donald Trump, la presidenta de México Claudia Sheinbaum, el primer ministro de Canadá Mark Carney, el señor Gianni Infantino presidente de la FIFA y el Rey de España Felipe VI. Literatura sobre el tema.
LA CORTESÍA DIPLOMÁTICA
Con todos los peros que se le quieran poner al gobierno de los Estados Unidos y al presidente Donald Trump por parte del gobierno de México e incluso de los medios de comunicación, se le debe de reconocer su trato diplomático para con nuestro gobierno y país, como su cortesía política.
Así lo hizo el gobierno de los Estados Unidos.
Y el presidente Donald Trump.
Le dieron a México, Canadá, España y al mundo, una importante lección de diplomacia, como de cortesía política.
Al invitar a estar presentes en el juego final de la Copa del Mundo de Fútbol, a dos países anfitriones de la copa: a México y su presidenta y a Canadá y a su primer ministro.
Igualmente, a representantes de los dos países que disputaron el juego final, con representación oficial de Argentina y España.
Estando igualmente, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez.
LO CORTÉS NO QUITA
Quedando demostrado el dicho popular mexicano, “lo cortés, no quita lo valiente”.
Es decir, las diferencias normales en las relaciones internacionales, no significa que todas las acciones de los países y de sus gobernantas, vayan a ser confrontaciones, declaraciones cruzadas y encontradas o ataques continuos en los medios de comunicación.
Lo más grave, acciones y reacciones, que pongan en riesgo una buena relación bilateral y hasta las relaciones económicas, financieras, de cooperación en materia de justicia, seguridad y más.
HUBIERA SIDO BUENO
Hubiera sido bueno, muy bueno, que México aplicando su añeja tradición diplomática, que hemos dejado de lado, hubiera aprovechado la inauguración del mundial en el Estado Azteca, para invitar a los dos mandatarios de Estados Unidos y de Canadá.
A juicio de los expertos en diplomacia, México desperdició esa oportunidad, primeramente, al no presidir la ceremonia inaugural, dejando un lugar vacío en el palco de honor.
Segundo, al no invitar a la inauguración al presidente de Estados Unidos y al primer ministro de Canadá.
Se quedó un asiento vacío frente al país y frente al mundo, dejando ir una excelente oportunidad, de demostrar nuestra calidad de anfitriones, que tanto publicitamos en las promociones oficiales de todo tipo.
ANTES QUE HACER ESO
Antes que hacer nuestro país esa acción diplomática de tradición y de calidad, España sí lo hizo, con mucha educación diplomática y política.
El Rey Felipe VI, le hizo visita de cortesía a la presidenta de México.
Estuvo en un encuentro con ella, en palacio nacional.
Conversaron y se mostraron ante los medios nacionales e internacionales.
Porque él sí asistió en el espacio de la sede que fue México, a ver a España jugar en Guadalajara, donde el gobernador del estado de Jalisco Pablo Lemus Navarro, lo atendió y convivió con él, dejando muy buenos comentarios del gobierno de Jalisco, a nivel nacional e internacional.
SOLAMENTE SE ATENDIÓ
Solamente se atendió previo a la inauguración del mundial en la Ciudad de México, en una cena de Estado, al presidente de la FIFA Gianni Infantino.
Cuando en esa cena, debieron de haber estado el presidente de los Estados Unidos.
El primer ministro de Canadá, también.
Cena que se hizo en un excelente marco para ese fin, el Castillo de Chapultepec.
Con un esplendor, digno de un evento diplomático y de cortesía amistosa para dos jefes de Estado amigos y miembros del TMEC.
EL EVENTO FINAL
El evento del final del mundial, para mal nuestro, nos dejó esa lección, que no se debe de minimizar y menos de olvidar.
Perdió México una gran oportunidad para mejorar nuestras relaciones diplomáticas, teniendo el evento inaugural del Campeonato Mundial de Fútbol de la FIFA en la Ciudad Capital.
Estados Unidos y el presidente Donald Trump, quiérase o no, nos dieron una fina lección de diplomacia y cortesía política.
México olvidó diplomacia, cortesía y dejó ir una buena oportunidad para mejorar nuestras relaciones internacionales.
